sábado, 16 de noviembre de 2013

Enfrentando Momentos Difíciles

La educación que recibimos de nuestros padres es la principal herramienta que tenemos para enfrentar al mundo, si esa herramienta está contaminada nos contaminará a nosotros y hará que nuestro diálogo sea dañino y nuestro autoestima aún más.


“Digamos que un padre/madre humilla e insulta a su hijo con malas palabras como inútil, idiota, inepto, incompetente; en fin. El niño/a interpreta que esos insultos son ciertos y justos cuando son dichos por los mismos padres, haciendo que se considere inferior, no solo respecto al padre/madre sino con la sociedad misma llevándolo a encerrarse en su mundo repitiendo para sí mismo esos insultos repetidas veces. Posiblemente cree un diálogo dañino que lo irá desgastando tanto que en un punto no encontrará la salida y necesite de ayuda profesional.”

Tal vez sea un poco “demasiado” lo anterior, pero es cierto, y sobre todo con las personas que tenemos menos poder a la hora de enfrentar ese tipo de batallas, el querernos, valorarnos y hacernos cumplidos en todo momento nos va creando un escudo que nos ayuda a hacerle frente a los momentos difíciles.

Si nuestro escudo es débil o nulo, los diálogos dañinos nos irán consumiendo poco a poco impidiéndonos incluso pasar momentos felices con las personas.

Algo que yo hago cuando me siento de verdad mal, cuando siento que todo se amontona y estoy en mi límite, es, con un gis, poner en la pared todos esos malos pensamientos que tengo, dejarlo todo en la pared y no guardarme nada, luego me siento en el piso y observo lo que escribí, lo veo mil veces, me pongo a reflexionar y a decir una frase que, es perfecta en todos estos tipos de casos (y es mi favorita):

-         ¿Tiene solución?
-         Si
-         ¿Entonces para que te preocupas?

-         ¿Tiene solución?
-         No
-         ¿Entonces para que te preocupas?

Después de haberme relajado, haber pensado bien las cosas y acomodar todo en mi mente, lo borro con un trapo mojado y es como si nada hubiera pasado.

Nosotros tenemos el poder para decirle a nuestro cerebro que hacer, así que ¡hagámoslo!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario